19 jul 2008

Disfraces...


Máscaras

Al chocar sin querer en la mesa de entremeses, el de cara peluda se disculpa con el pintado:

–Disculpe mi atropello señor payaso –dijo el peludo.

–Pierda cuidado señor lanudo, menos mal que lleva usted los cuernos limados, si no el accidente hubiera podido ser fatal para mí –le respondió el otro y agregó–. Sin embargo lo que no le disculpo es la ignorancia de mi profesión.

–¡Oh! Pero que imperdonable equívoco el mío, señor... –contestó el primero hurgando en su cerebro la palabra adecuada para nombrarlo.

–Déjeme ayudarle –salió al rescate de su interlocutor–. Estoy pintado, mas no soy payaso, tengo un gorro con cascabeles, mas no soy bufón. ¿Se va aclarando mi amigo? –lo estimuló.

–Me lo puso usted difícil señor colorido, ¿es acaso usted del circo? –dijo sonriendo.

–Me parece que más del circo es usted con esa cabeza alargada, ojos vidriosos y orejas minúsculas, sin hablar de su ridículo traje negro y esa capa roja que hacen de usted un verdadero engendro Dalí-español –le contestó ofendido.

–Muy bien señor muñeco, demos por finalizada esta estúpida situación, yo soy un verdadero toro, ¿y usted qué puede decir? –le gruñó molesto.

–Pues lo felicito señor cabrón, yo soy simplemente un arlequín –le replicó alejándose tranquilo de la discusión.

© 2006 Gabriela Mercado

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