Negro
Enroscado como una madeja,
sobre la silla
abandonado
despilfarro mi tiempo, esperándote.
Tus pinturas sobre mis ojos
parecieran explicarme tu ausencia.
Maúllo por las ventanas
confundiéndolas con limosnas.
Lloro por las tejas
arañándome el vientre.
Las sábanas ya no me conceden
el resguardo de tu cuerpo
y me escurro por las paredes
que me aporrean bordadas de letras.
Tu cigarrillo ya no me quema los bigotes
ni el humo siquiera
me hace cosquillas en las orejas.
Vigilo la vereda a pesar de los perros,
me amparo en la insensatez
de mis siete ángeles que me protegen
mientras afilo mis uñas en la parra
para engancharme a tu ropa.
Quizás vuelvas con el invierno a buscarme,
o tal vez, mi madre
no vuelvas y deba aprender a resignarme.
(Comentarios de mi gato)
© 2001 Gabriela Mercado


