Ojos amarillos
Por un instante me arañó tu voz, tu arrullo
casi lloró.
Estrechas tus palabras
se truncaron en la raíz de tu garganta.
Imaginé tu mirada amarilla,
seca de dolor
como las hojas muertas del suelo
que el otoño ingenuo
evita lastimar.
Vomitabas unas preguntas
que sólo adoraban
nuestra despedida.
Yo evitaba que se derrumben
nuestras estrellas.
Arañaban tus rezos
los alicios de mi vuelo
y las burbujas de tus lágrimas
me revolvían la sal
que me infectaba el alma.
Hubiese querido ser tu puerto,
pero mis rodillas se quebraron
por los golpes de tus olas
y ya no logré regresar.
© 2001 Gabriela Mercado

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