
(línea telefónica)
Lo único que me queda
es esta maldita línea,
que me está cortando el cuello
y no me permite respirar.
Un espacio en el aire
aúlla tu nombre
se arremolina en mi esqueleto
y me inunda de espanto.
Estoy colgando en la última tierra
que Dios se acordó de acicalar.
Cabeza abajo
no logro deshabitar mi cuero de tus caricias,
no logro enlazar mis raíces en tu puerto.
¿Qué buscas agazapada
entre las piedras de la distancia?
¿Pretendes que en el silencio
no distinga mi latido de tus pisadas?
Me están despedazando tus gemidos
ronroneas detrás de mi oreja,
lacerando mi pescuezo
en las madrugadas eternas.
© 2001 Gabriela Mercado

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